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Domingo, 25 Septiembre 2016 00:48

Crónica desde Santiaguito

Escrito por Filiberto Ramos
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José Luis Lara, "El América", un ex presidiario que apuesta a ya no pisar las cárceles del país. 

“Adentro en la cárcel manda el dinero”, dice José Luis seguro de lo que miró, vivió y a lo que sobrevivió durante 28 años en Santiaguito y otros penales en los que estuvo preso en cumplimiento de su sentencia.

A finales de 2015 obtuvo su preliberación por su buena conducta y el próximo mes de noviembre obtendrá su libertad absoluta cuando se cumplan los 28 años, siete meses con 15 días de la condena que se le impuso por el delito de robo a casa habitación.

"Yo estuve muchas veces en la tentación de hacerme maleante adentro, pero puedo decir que sobreviví a eso, alguna vez robé, no lo niego y ya estoy a punto de cumplir mi condena, pero adentro nunca me drogué, nunca piqué, nunca estuve en una riña", relató el ex presidiario originario de San Mateo Atenco y quien actualmente trabaja en el estacionamiento de su antiguo reclusorio.

El 17 de noviembre de 1988, lo lleva intacto en su memoria, procura recordar que fue esa la fecha en que cayó preso para no olvidar que su vida cambió desde ese momento. Se dice sobreviviente al infierno de las cárceles mexicanas, donde se manejan los negocios del narcomenudeo, secuestros, extorsiones y se pelea a diario por la vida.

- ¿No le da miedo hablar sobre esto? se le preguntó. No, dice "El América", como le decían de apodo a José en el penal, “el miedo ya lo pasé adentro, el infierno ya lo pasé” afirmó.

El peregrinar del reo

A sus 46 años de vida José Luis Lara lamenta que toda su juventud la pasó encarcelado, primero en el penal estatal de Santiaguito en Almoloya de Juárez, luego fue trasladado y pisó la cárcel de Tepic, Nayarit. Pasó algunos años en Matamoros y en 1994 fue trasladado junto con otros 100 reos a las Islas Marías.

Su experiencia ahí la recuerda como un paso a la libertad: "Para mí fue como un premio porque allá vives casi libre, estuve con mi esposa y ahí nacieron mis dos hijas, puedes trabajar casi como si estuvieras afuera", recordó "El América".

“La vida aquí en Santiaguito es triste y es muy pobre, porque nos explotan mucho, si te dan trabajo, te pagan lo que quieren y al interior todo cuesta, para comprarte un refresco pagas hasta 50 pesos en una de las tiendas que controlan los que tienen dinero”, reveló José Luis, quien durante algunos años trabajó en la maquila al interior del penal, ganando un centavo por corte y una quincena de menos de 300 pesos.

En Santiaguito, recuerda, existen al menos cinco tiendas donde se vende lo básico: cigarrillos, comida enlatada, refrescos y artículos como el jabón para bañarse, que son los productos más caros para los reos, pues nada de eso se otorga por parte de la administración.

Los dueños del penal

- ¿Y sobre la venta de droga? se le pregunta directo al "América". El ex reo contesta que eso se hace entre la población, en lo oculto de las celdas y a los ojos disimulados de los custodios.

“Todo mundo sabe quién la vende, llega uno y les dice: dame un papel de a diez, dame uno de a veinte y listo, es suficiente si tienes dinero para enviciarte”, reveló el ex preso. Los nombres de los líderes del narcomenudeo prefiere no decirlos, solo recuerda a uno al que le dicen “El Batman”, uno de los distribuidores y encargados de cobrar los 200 pesos semanales a los nuevos inquilinos por el derecho de piso.

Personajes como “El Batman” son los responsables de la mayoría de los homicidios y lesionados que se reportan al interior de Santiaguito.

“Picados es del diario, no recuerdo a cuántos mataron durante el tiempo que estuve ahí adentro”, lo dice con la frialdad que le dejó vivir 28 años en la selva de las cárceles, donde de forma oficial no existe un número exacto de asesinatos.

Nombres como “El Azul” Esparragoza (uno de los capos del cártel de Sinaloa) y Oliverio Chávez Araujo (el rey de la cocaína), fueron figuras del narco con quien le tocó convivir a José Luis, antes de que fueran trasladados al recién inaugurado penal federal del Altiplano.

“Yo le cortaba el pelo a Raúl Salinas de Gortari, ya me conocía bien, me platicaba como a cualquier otro reo, lo veías seguido haciendo labores de jardinería, muy tranquilo el señor”, recuerda el "America" en el estacionamiento de los juzgados de Santiaguito, a unos pasos de donde estuvo internado por 28 años, ahora viendo el panorama desde fuera y convencido de no querer regresar.

Su trabajo desde finales de 2015, cuando salió en libertad condicional, es de cadenero en el estacionamiento de su antigua casa (Santiaguito), para complementar su sueldo vende accesorios de cocina, pues sus hijas ya acuden a la preparatoria y ahora que salió quiere recuperar sus responsabilidades de padre.

-¿Es dura la vida afuera de la cárcel? -Sí, pero con libertad todo se puede hacer, con la familia y siendo un hombre de bien, dice seguro “El América” y ansioso porque se cumplan sus últimos dos meses de recluso en lo que llamó su “infierno” de Santiaguito.

Visto 8094 veces Modificado por última vez en Jueves, 29 Septiembre 2016 12:01

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