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Viernes, 15 Julio 2016 15:22

Aprender a lomo de caballo: un galope para las neuronas

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La Conexión Neuronal 

Laura hace su tarea de matemáticas montada en un caballo.

Concentrarse en el movimiento del equino y en la resolución del problema matemático le provoca un conflicto cognitivo.

- ¡Ya no sé qué hacer!, exclama cuando parece perder las riendas de su auto control mental.

Sin embargo, tras el desequilibrio viene la calma.

- Me voy a asegurar, pongo al caballo en la posición que debe estar y ahora sí mis ejercicios, repite mientras sigue instrucción de la terapista que la acompaña.

Igual pasa con dos de sus compañeros que tienen un desarrollo tardío del lenguaje. A lomo de caballo hacen ejercicios de lectura, además de someterlos a una comunicación continúa.

Con ellos la especialista en equinoterapia utiliza el tacto, la activación de las terminales nerviosas, y la temperatura.

Después de cinco minutos de trote los niños intercambian temperatura con el caballo, se regulan, y viene una relajación muscular que cambia la percepción. Momento para iniciar con el trabajo cognitivo.

Otra pequeña tiene problemas de memoria. Al comenzar la práctica de equinoterapia se le muestra el interior de una caja. Después de la marcha con el caballo le preguntan si recuerda los objetos que había en el interior. No los recuerda. Sin embargo, después de varias sesiones logra memorizar los objetos que guarda esa caja.

Los resultados también se aprecian en los exámenes académicos de los infantes, quienes tienen un rendimiento distinto en las aulas.

“Hay niños que vienen y no tienen nada, dicen que en la escuela pega, que es hiperactivo, pero sólo es una cuestión emocional, entonces empiezas a trabajar con ellos, vencen miedos”, comenta la especialista en equinoterapia, Thania Villegas Mérida, quien da las terapias en el Rancho Regina, ubicado en Metepec.

“No es mágico, ni cura”, aclara, pero es el medio para lograr un objetivo.

Thania Villegas vive con Lupus, sabe de lo que habla y siente.

“Sufro de las articulaciones, vengo, monto y sí monto no tomo el medicamento, solamente cuando mis dolores son crónicos lo hago, porque la temperatura me hace estar excelente de mis piernas. Hago la monta terapéutica y se quita el dolor, pero es por el intercambio de temperatura con el caballo”, indica.

Los especialistas en equinoterapia perciben tres beneficios directos que aporta el caballo: los estímulos por minuto que da su trote, su paso tridimensional y el calor corporal.

“Se maneja una cuestión de estímulos por minuto, que van de 90 a 120, es mucha estimulación, lo que hace el cerebro es que recibe muchos estímulos”, indica Iván Ángeles, quien dirige el centro de equinoterapia Ejoma, localizado en Ixtlahuaca, de los pocos que existen en el norte del Estado de México.

El caballo, explica, tiene un paso tridimensional, es el único animal que tiene una estructura de paso similar a la de un ser humano. “Entonces cuando acomodas a una persona el cerebro se empieza a estimular, como si ella caminara a través del equino”.

A ello se suma el calor corporal del caballo, quien tiene dos grados arriba del ser humano, por lo cual su cuerpo funciona como una bolsa de rehabilitación, una compresa, que impactará en la relajación del jinete.

Todo lo anterior incide en la estimulación neuronal de quien toma la terapia.

La génesis de la inteligencia humana

El neurólogo Arturo González Mondragón, maestro en Neurociencias por la UNAM, describe lo que suscita la práctica de la equinoterapia.

“Son las sensaciones perceptuales, los cincos sentidos, gusto, tacto, oído, olfato y vista, eso es lo que se está moviendo desde el exterior; en el interior del cerebro se producen más interconexiones, más sinapsis, y eso establece circuitos neuronales que activan a los circuitos motores, es un mecanismo de activación”.

Comenta que está probada la efectividad de las terapias con animales, siendo también recomendable la canoterapia, que también facilita las conexiones sinápticas a través de estímulos senso-perceptuales.

Todo ocurre por un mecanismo denominado plasticidad del sistema nervioso, también conocido como plasticidad cerebral y neuronal.

Ese mecanismo permite el desarrollo efectivo de la persona desde su nacimiento, sin embargo, la plasticidad se va perdiendo conforme avanza la edad.

El también especialista en Neurofisiología por el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía señala que las células del cuerpo humano funcionan de manera eléctrica, por lo cual todas las personas deberían estar sometidas a una positiva estimulación neuronal.

“El estar viendo un lago, una caída de agua, el rumor del bosque, todo eso es estimulación para el ser humano, eso mejora mucho el desempeño de su vida diaria, aumentando la calidad de vida interpersonal, pero todo eso se ha perdido en nuestras ciudades”, apunta.

- Hemos pérdido la capacidad que tiene nuestro sistema nervioso de activarse a través del contacto con la naturaleza, remata.

Ante esa realidad considera que en la educación formal deben utilizarse todas las posibilidades de terapia, que actualmente son manejadas por las áreas de rehabilitación, para garantizar una estimulación de todos los canales de sensación y percepción de los niños y niñas.

Destaca un dato: la construcción del cálculo matemático en los humanos ocurre en término promedio entre los 6 y 11 años de edad. Y por supuesto sucede que ese proceso no lo cumplen todas las personas.

El neurocirujano Néstor Leandro López Santis, de la Escuela Latinoamericana de Medicina, con sede en Cuba, advierte que la inteligencia se condiciona a través de factores como la alimentación y la estimulación emocional.

Así, los resultados de una estimulación neuronal, a través de equinoteria, se reflejan en una percepción y sensibilidad mayor, considera el especialista.

“En Cuba la equinoterapia se aplica mucho, sin embargo, no hay estudios científicos concretos donde sea vista como una ciencia completamente constituida, porque realmente es rehabilitadora”, indica.

López Santis, quien vivió 14 años en Cuba, coincide. Es factible la utilización de la equinoterapia, así como cualquier terapia que corresponda con el contexto social de los infantes.

“Lo único que se hereda de los padres es el temperamento, que es la reacción con la que respondes ante cualquier evento, es la fuerza o intensidad con que respondes, sin embargo, la personalidad hasta los 16 o 18 años se va formando, de lo que escuchas, compartes. Así el temperamento se va a controlar con la formación de la personalidad”, puntualiza.

A su vez González Mondragón identifica el impacto de una estimulación adecuada, la ruta que marca el sistema nervioso, la generación de actos reflejos; en sí la génesis de la inteligencia humana.

“Los circuitos neuronales entre las zonas sensoriales, perceptuales y las zonas motoras serán de retroalimentación; un estímulo viene, actúa en el cerebro, se capta, se memoriza, y produce una conexión cerebral hacia el área motora.

“Si esto se repite el estímulo ya no va a memoria, sino que se realiza por un acto reflejo, ya no se necesita la corteza cerebral, quien está en capacidad de realizar otra acción, y es donde decimos que ya se incrementó el nivel de inteligencia, todo eso será el aprendizaje condicionado a través de estímulos”, señala.

El neurólogo también refiere el otro extremo en que puede caer la mente humana, cuando se gestan las mentes anómalas o criminales. “Ahí ocurre que la estimulación que estamos recibiendo del ambiente nos está llevando allá, van creando circuitos neuronales hacia esos comportamientos”.

“Los niños son una esponja”, insiste. La equinoterapia una alternativa.

 

Vivir con los equinos

- Al contacto del caballo si tenemos una temperatura de 38 grados del caballo, una vez trabajando, después de 5 minutos, sube a 38.8 grados, sube a tu cinturón pélvico y se dispara, ascendente y descendente. Te llega hasta el último filamento de la punta del cabello y hasta la punta del pie. Te despierta 2 mil y fracción de terminales nerviosas en el organismo.

Habla Víctor Ríos Mendoza, jinete profesional que integró el equipo ecuestre de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMex). Él trabajó seis años de manera altruista en la Asociación Mexicana de Equinoterapia (AME), fundada por un alumno de Edith Gross Naschert, pionera de la equinoterapia en México.

Atendía principalmente a niños y niñas con alguna discapacidad motriz e intelectual. De 9 de la mañana a 3 de la tarde, incluso en fines de semana. El tiempo que le quedaba era para trabajar en un taxi y de ahí mantener a su familia.

Aún conserva los recortes de periódicos y trípticos donde aparece impartiendo las clases de equinoterapia, disciplina donde sí percibe la magia que hace recordar a la mítica figura de los centauros.

“Hay una chispa, algo mágico, que el caballo siente lo que traen los niños y ellos también sienten ese algo con el caballo, es una fusión total, aceptación de tal forma que a través del trabajo hay resultados a corto, mediano y largo plazo”, describe.

En México la equinoterapia es relativamente nueva, Ríos considera que no llega a los 20 años de práctica formal.

En Europa se comenzó a practicar después de la Segunda Guerra Mundial, en 1954. A México llega por Edith Gross, quien fundó en el país el primer centro oficial de equinoterapia.

Enfoques

El sicólogo Aristeo Jiménez Estrada, especialista de la Unidad Profesional de Atención a la Conducta, asociación civil,  relata que hay distintos enfoques para analizar la equinoterapia, desde el científico hasta el fantástico.

“Tenemos el caso de una niña con microcefalia, que cuando llega le da taquicardia, se mueve demasiado, monta 20 minutos y la niña está para dormir, podemos pensar en términos científicos que hay un intercambio de energía eléctrica o sensorial, en la que el animal se comunica a través de estos mecanismos eléctrico, sensorial, bioquímico, para reducir los estados de ansiedad y estrés”, indica.

En el enfoque fantástico, agrega, pudiéramos decir que el caballo le comunica su tranquilidad al menor.

Explica que cuando un niño se acerca a un caballo queda establecido un vínculo de comunicación entre ambos, y aunque exista una limitación física o intelectual, dicha unión permite abrir las puertas de un proceso socializador, que hace más tolerantes a los infantes al regularse los ritmos cardiacos y respiratorios.

Aunque también ocurren situaciones adversas como el rechazo del caballo.

“Tenemos el caso de un niño, que cuando viene hiperalterado, desde el momento en que el animal percibe que el muchacho está cerca, incluso no se ha dejado acariciar, es un sistema de comunicación que hoy día no hemos podido determinar dónde se desarrolla, ni cuáles son los mecanismos de intercomunicación”, afirma.

El sicólogo considera que para aplicar la equinoterapia en alumnos regulares deben considerarse las necesidades individuales de cada niño o niña.

“Cada uno de ellos debe tener un objetivo preciso, claro a la mejor muchos pueden trabajarse con una técnica semejante o parecida, pero no quiere decir que tenga que ser lo mismo”, apunta.

Sin embargo, dice, no se deben generar expectativas y paradigmas equivocados, pues montar un caballo no mejora los números, letras o el lenguaje, sino favorece las condiciones para estimular el manejo de los números, las condiciones para la coordinación viso-motriz, y establecer vínculos socializadores. Son “terapias alternativas de apoyo”, precisa.

Estimulación en el aula

En otra trinchera del proceso educativo, Lidia Mercado Téllez, directora de la Unidad de Servicios de Apoyo a la Educación Regular (USAER) número 68, dependiente de la Secretaría estatal de Educación, señala que la equinoterapia es una de las alternativas que más resultados ofrece para el desarrollo de los menores que atienden.

En dichas Unidades se trabaja con niños que tienen dificultades para el aprendizaje, déficit de atención, o con alguna discapacidad física o intelectual. El objetivo es ajustar contenidos educativos para garantizar una educación inclusiva en la escuelas regulares. Además de garantizar su independencia en el aula mediante el desarrollo de las competencias cognitiva, educativa, emocional y social.

“A la equinoterapia puede ir un niño con trastorno con déficit de atención y les favorece la regulación de su conducta; la condición principal es la relajación que implica la temperatura del caballo.

“El caballo con su marcha tiene estereotipos relacionados con nuestra forma de caminar, eso promueve la mejor coordinación en los niños”, señala.

Un aspecto vital, dice la profesora de USAER, es la estimulación de los infantes, proceso que es multifactorial.

“Tenemos un niño que tiene trastorno por déficit de atención y fue el más alto de su escuela en la prueba de Planea, en el nivel 4, en una primaria, eso quiere decir que depende mucho de la estimulación que le den sus papás, y los ajustes que haga la escuela”, indica la maestra Mercado.

Yadira Alonso, quien también trabajó en las USAER y ahora es especialista en equinoterapia, explica que el caballo facilita la comunicación desde el momento de acercarse a él.

“A nivel neuronal ayuda porque cuando empiezas a sentar o acostar a los niños, la atención o el equilibrio es céfalo caudal, a partir de la cabeza al coxis, entonces lo niños aprenden esta estabilidad para poder caminar, que es uno de los principios de la sicomotricidad.

“En los niños impulsivos, ellos tienen que aprender a contener porque si no se caen, tienen que aprender a poner atención y arriba del caballo puedes enseñarles a restar, sumar, las multiplicaciones”, puntualiza.

Crecer con un caballo

Todos los días Yadira Alonso aprecia los resultados de la equinoterapia. Sus tres hijos, en distintos momentos, vivieron padecimientos o accidentes que comprometían su desarrollo neurológico y sicomotriz:

- Mi primer niño, Luis Enrique, tiene ahora 15 años, tuvo un retraso sicomotor generalizado, en donde no gateaba, no caminaba. Cuando tenía un año lo atropellan y entonces tiene un golpe a nivel frontal, que es determinante para un trastorno por déficit de atención.

Los neurólogos decían que este niño no iba a caminar, no iba a aprender. Comenzamos ir a terapias físicas, pero el aprendizaje no se le daba, pasó de primero a segundo sin saber leer. Cuando veo eso me meto a terapias de caballos y el niño empezó a medio aprender, sus aspectos físicos y sociales comienzan a modificarse, porque era un niño muy introvertido, distraído, no socializaba.

La diversificación del contexto le favoreció mucho. Ahorita es un niño que sigue teniendo dificultades en el aprendizaje, a raíz del accidente sigue teniendo un déficit de atención, pero con dislexia evolutiva, quiere decir que no identifica la “b”, “d”, “p”, “q”, el 3, 6, 8, 9, ya va en Preparatoria y si sus compañeros revisan una vez el trabajo, él lo tiene que revisar 20 veces. La condición motora ya quedó subsanada.

- Ángel Jaciel tiene 10 años, pero cuando tenía 3 años se cayó de un primer piso, tuvo un traumatismo cráneo encefálico severo, estuvo mes y medio en coma, cuando regresa pierde muchas funciones: pérdida de memoria, no reconocía a las personas, no sabía nada. Se le olvidan muchas cuestiones sintácticas, de lenguaje, no estructuraba sólo hacia sonidos guturales.

El neurólogo decía que era un daño irreversible, es un shock. En ese momento entramos con una terapia de neuroplasticidad cerebral, mediante fotografías de familiares, sin embargo, las cuestiones motoras y de aprendizaje se vieron afectadas. Volvimos a la terapia con caballos, cada tercer día, me gastaba mil 500 pesos a la semana en terapia. Pero ahora tiene 10 años y está más o menos en el estándar de sus compañeros de cuarto año, también tuvo natación además de la equinoterapia. Tiene un diagnóstico de déficit de atención, pero sin hiperactividad.

- Con el tercer niño, Josué, tengo un accidente y tengo un hematoma retroplacentario, que es un coagulo de sangre entre el bebé y el saco que lo está guardando. Tiene que nacer antes y cuando nace lo hace con el cordón umbilical enredado en el cuello, torso y en la cintura; deja de respirar, presenta un problema de hipoxia.

Cuando él tiene tres meses no tiene ese control céfalo caudal, que es levantar la cabeza para buscar comer. La condición real es que tenía un desfase de seis meses. Con él empezamos la terapia al año.

El pronóstico neurológico era de malo a reservado, la condición neurológica era parálisis cerebral infantil, pero no tenía nada de tono muscular. Empezamos a trabajar todo a partir de caballos, la terapeuta incluso comenzó a llevarlo en brazos y poco a poco lo fue sentando.

Él a diferencia de los otros dos niños no ha podido aprender a nadar, le cuesta la atención, muchas cosas en comparación con los estándares de su grupo, sin embargo, ya sabe leer y escribir. Tiene nueve años.

Alonso reconoce que ninguna madre quiere tener hijos con alguna discapacidad o alguna condición severa, pero cuando se vive en esa situación deben buscarse todos los medios para que sean independientes.

“Si no los hago independientes para la vida, ¿qué va a pasar cuando yo me muera?”.

Por eso sí funciona la terapia asistida con caballos. Refiere que las madres en esta condición también experimentan momentos de tristeza y depresión profunda, “pero las mamás con niños con discapacidad no podemos deprimirnos”.

“Y cuando también nos subimos a un caballo, te olvidas, sientes lo que el niño siente, es un lenguaje común…”, expresa la madre y terapista.


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