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Martes, 26 Julio 2016 17:03

HALUROS: La Sombra del Caudillo

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Corría el año de 1960. En el país se vivía el régimen de Adolfo López Mateos y en la Secretaría de Gobernación oficiaba Gustavo Díaz Ordaz. 

Ese año llegó La Sombra del Caudillo. La cinta, homónima por título y guión de la novela de Martín Luis Guzmán, definía en fondo y forma, los usos y las costumbres de la sucesión presidencial y de la ilusión democrática de México.

En un inicio, el autor podría haberse referido sólo a los años veinte, inmediatos a la Revolución Mexicana. Sin embargo, la historia que se cuenta es elástica y su vigencia va de un siglo a otro.

Con La Sombra del Caudillo, el director Julio Bracho logra una obra magistral y ofrece con ella una cátedra de adaptación que permite que el relato no pierda ni un gramo cuando se le traslada del papel a la pantalla.

Así, en la película, que fue rodada en las ciudades de México y Toluca, se cuenta la historia del General Ignacio Aguirre.

Son los años veinte y Aguirre es Ministro de Guerra.

Su nombre comienza a correr por los pasillos como el posible candidato a la presidencia de la República. Aguirre quiere la postulación. De forma indirecta la alienta. Pero sabe que el delfín del “caudillo”, del presidente en turno, es el Ministro de Gobernación, Hilario Jiménez.

Tanto Aguirre como Jiménez ven en sus oficinas el desfile de verdaderos y falsos partidarios. El concurso de la simulación es consistente e interminable.

Asimismo, se ve al “caudillo” como un tótem, entre las sombras de su despacho, mirando la nota de ocho de un periódico que lleva como cabeza: Se Desata la Lucha por la Presidencia.

La cinta, retrata a dos aspirantes que, ensoberbecidos, dicen sin palabras y muestran sin ambages, que lo pueden y lo merecen.

Así comienza

En medio de comidas y fiestas, burdeles, amantes y esposas, se ve la operación incisiva de los cabilderos. Corriendo de un lado a otro. Presionando. Jalando hilos y cuerdas.

“Un político nunca va en contra de su interés”, dicen.

Aguirre no quiere enfrentarse al “caudillo”. Habla con él. Habla con Jiménez. Habla con el dirigente del partido. A todos dice que no busca la postulación. Nadie le cree.

Echada la suerte la única puerta que se le abre es la de competir por la candidatura, sin el apoyo del presidente.

Y así, junto con la Marcha de Zacatecas, se verán las reuniones públicas y secretas, las convenciones, los mítines, los acarreos, las consignas mercenarias, las complicidades, las traiciones y se afirmará, con trágica solidez, que “la política mexicana no conjuga más que un verbo: el verbo MADRUGAR”.

Quedan para la historia las fabulosas interpretaciones de Tito Junco como Ignacio Aguirre, Ignacio López Tarso como Hilario Jiménez y Miguel Ángel Ferriz como “el Caudillo”, entre otros.

Inicialmente, el guión de la película había pasado por los censores de la Secretaría de Gobernación y había sido aprobado. Pero luego el gobierno se retractó.

La película, basada en una novela de 1929, reflejo de los tiempos de Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, no fue exhibida en México.

La obra fue censurada por 30 años.

Quizás, con algo de ironía, fue el presidente Carlos Salinas de Gortari, quien finalmente autorizó su vista pública en 1990. 

Visto 25619 veces Modificado por última vez en Martes, 26 Julio 2016 17:22

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